Todos los lunes del mundo

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Servidora escalando una pared de lunes.

Te habías jurado a ti misma que no volvería a pasar, pero otro lunes —esta vez con el cañón humeante por la hora robada a la madrugada del domingo— te hace tropezar con la verdad: el libre albedrío está muerto, no de parranda. Eliges despertarte y empezar la semana, aunque sabes que la libertad es un concepto de melodía pegadiza y letra delirante que, más allá del estribillo, no encuentra realidad que le haga los coros.

Muchos se creen libres; otros, oprimidos. De entre las mismas opciones de siempre, tener la posibilidad de escoger alguna no supone mayor acto de libertad que ir a un restaurante con una carta de dos platos y sin postre: la limitación siempre deja un sabor amargo. Sin embargo, lejos de caer en el determinismo y de convertirnos en víctimas de nuestras circunstancias, tenemos la posibilidad de imaginar y tratar de crear nuevos caminos que aún no hayamos explorado. Sigue leyendo

Compartir conocimiento es vivir

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Puesto de clasificación alternativo para los que viven una realidad alternativa y sin tildes.

Dice una experta en oratoria que, con la civilización, los humanos abandonamos la práctica de contar historias al calor de la lumbre y la sustituimos por la gélida pantalla de un televisor. Y, aunque razón no le falte —al fin y al cabo somos animales sociales—, agradezco mucho no tener una hoguera en el centro del salón.

La cantinela de que cualquier tiempo pasado fue mejor sigue teniendo sus adeptos. Yo misma fui una adolescente romántica que se repetía aquello de que la vida moderna poco tenía de vida. Al final nos hacemos esclavos de esas ideas que no hemos sometido al análisis de la razón y de la evidencia y terminamos por creer en ellas a pies juntillas. Sigue leyendo

El canon hospitalario

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Champú para melenas canónicas. Traducción propia y nada canónica.

De los 450 de la lista, escojo el 339 por una coincidencia cromática entre mi apellido y el título. Escojo, digo, ya que estoy de visita; para el paciente en la habitación del hospital es difícil conjugar ese verbo en presente, como si tanta prescripción nos dijera que las decisiones ya hubieran sido tomadas. Es lo único que he encontrado para entretenerme: un folleto con una relación de obras de ficción que, al parecer, forma parte del servicio de préstamo bibliotecario del centro.

Entre los títulos que figuran en la categoría de ‘novela adultos’ (sic), se encuentran obras de Pratchett, Allende, Le Carré, Burton, Cela, Ruiz Zafón, Auster, Dickens, Woolf, Faulkner, Sampedro y muchos otros autores que yo me he encargado de desordenar. Sigue leyendo

Ponle voz, pónsela

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Acrílico sobre estudio sin terminar. El resto lo pone la magia de la radio.

En el estudio 101 de la Casa de la Radio el tiempo corre a contrapalabra, sabiendo que la noche también necesita algo de silencio. El final del programa nos pilla a todos amarrados a un brazalete que mide con unos sensores algunos de los parámetros involucrados en las emociones. Pero lo que el aparatito no cuenta es lo que falta por decir y sentir, lo que se nos queda en el tintero verbal y emocional.

Lo bueno de las noches de sábado es que, si se aprovechan, pueden ser la excusa perfecta para el buen periodismo. Sigue leyendo

El sí de los profesores

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Solpor galego

En el trayecto que transcurre entre dos plazas céntricas, me da tiempo a tomarle el pulso a la ciudad y saber que late con ganas. El bullicio del tráfico y el tránsito de los peatones no son más que peripecias con las que la cotidianidad nos distrae; y lo hace de una forma certera. De pronto, un haz de luz rompe en un edificio hasta entonces corriente y me lo descubre. Me detengo ante el atardecer y señalo con cierta timidez mi hallazgo, que pasa por insignificante: Sigue leyendo

 El precio de la costumbre

Queríamos dejarnos engañar. La voz cálida de Roberto, la agilidad de sus manos y nuestra mirada cómplice hicieron que los trucos surtieran efecto. Para quien desea verse seducido por la magia del ilusionismo, las cartas de la baraja son lo de menos. Creer para ver, y no al revés. Luego, fuera ya del escenario y bajo la luz de la realidad, vino la confesión que de verdad esclarecía la oscuridad de la artimaña: «los magos pagamos un precio muy alto por hacer magia. Perdemos la capacidad de ilusionarnos».

Las otras dos personas que me acompañaban aquella tarde, María José y Benjamín, conviven con toda naturalidad con la pérdida. Sigue leyendo

Tiempo de excedencia

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Una por segundo: con esta frecuencia mueren las neuronas de nuestros cerebros. Para la tranquilidad de los asistentes a la charla del sábado, el doctor nos aseguró que ni viviendo cien años habríamos conseguido matar el 96 por ciento de excedente en células cerebrales. Es decir, mueren las neuronas que no se usan y, aun así, usamos muy pocas de la gran cantidad de que disponemos. La buena noticia, casi mejor que la del despilfarro, es que lo que importa no es el número, sino las conexiones que se realizan entre ellas. Prima la relación frente a la medida.

Gracias a esas sinapsis, hemos alcanzado grandes logros. Sigue leyendo